
Llegamos a Essaouira, de noche, nos vamos a un festival de música gnawa, un descubrimiento del viaje, que quieras o no, hace que tu cuerpo se mueva. Alquilamos una casa a un señor que nos ofrece unas llaves. Desde nuestra ventana vemos un cementerio judío y fuera descubrimos que todo es azul añil, turquesa y la luz es tan intensa que impide que puedas abrir los ojos


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